Infantil ¿Qué Tratamos?

Si su hijo/a tiene pesadillas o dificultades para poder dormir muy a menudo, aumenta o disminuye de modo anormal su apetito, muestra un llanto fácil y sin justificación, tiene dificultades para concentrarse de modo reiterado o muestra cualquier otro comportamiento que le preocupa, debería consultar con un profesional. En Plenamente tenemos como prioridad velar por el desarrollo integral de la persona independientemente de la etapa evolutiva en la que se encuentre.

Nos caracterizamos por utilizar las terapias más adecuadas para obtener los mejores resultados en el menor número de sesiones.


Nuestro Equipo está altamente especializado en el tratamiento de las siguientes:

Ansiedad infantil

Depresión infantil

  • Trastornos de conducta
  • Trastornos de la alimentación
  • Trastornos del sueño

Trastorno de déficit por atención e hiperactividad. TDAH

  • Control de impulsos
  • Habilidades sociales
  • Problemas de autoestima
  • Control de esfínteres
  • Adicciones a las nuevas tecnologías
  • Bullying y ciberbullying.

Identifícalo

Los niños y adolescentes son personas en crecimiento y desarrollo, por lo tanto, no son inmunes a los efectos que la ansiedad pueda ocasionar en su organismo, produciendo en ellos malestar físico y psicológico.

Cada vez son más los niños que acuden a consulta por un problema de ansiedad. La ansiedad es una emoción normal, que se puede trasformar en un problema cuando esas manifestaciones de miedo o temor son desproporcionadas tanto en tiempo como en intensidad.

Los niños no son adultos y por lo tanto su modo de manifestar la ansiedad es diferente a como lo haríamos nosotros. Puede mostrarse con mucha agitación motora o por el contrario encerrarse en sí mismo.

En cualquier caso, los padres o tutores deben de ser muy observadores de sus hijos, y ante un menor que padece ansiedad deberemos ayudarlo y entender que la superación de esta sintomatología le va a ayudar a crecer, a madurar y a adquirir nuevas estrategias para ir afrontando las dificultades de los procesos de cambio de cada etapa del crecimiento.

Los síntomas más habituales son los miedos ante situaciones cotidianas ( estar solo en casa, etc), miedo intenso a que pase algo a sus progenitores cuando el no este, rabietas frecuentes, negativa a ir al colegio, comportamiento inadecuado, falta de autoestima, timidez excesiva para lo esperable a su edad.

Hay que tener en cuenta que los niños manifiestan la ansiedad somatizando, por lo que es habitual encontrarse con molestias físicas que no tienen causa aparente, como frecuentes dolores de cabeza, barriga, etc. También en el ámbito de la escuela pueden presentar dificultades de aprendizaje, problemas de atención, problemas de agresividad y mal comportamiento.

Para prevenir y corregir toda esta sintomatología es aconsejable acudir a un profesional que pueda restablecer el sano funcionamiento del menor liberándolo del malestar que padece.
La Depresión Infantil puede definirse como una situación afectiva de tristeza mayor en intensidad y duración que ocurre en un niño. No es solamente estar triste o decaído, circunstancia común en la infancia y sobre todo en la adolescencia, ante las perdidas o contrariedades vividas.

Estos cuadros suelen acompañar de cansancio, apatía, incapacidad para disfrutar de las cosas, y como rasgo característico destaca la irritabilidad y los cambios de humor, hecho que diferencia claramente con la depresión de un adulto.

Podemos encontrarnos tres tipos de depresión:
  • 1. Depresión mayor caracterizada por una intensa tristeza, acompañada por dificultad para disfrutar de las cosas, desesperanza, sensación de culpa y apatía. En los niños es frecuente encontrar un cuadro de irritabilidad o "disforia" incluso sin la percepción de tristeza como manifestación de su malestar interior.
  • 2. Distimia tiene la misma sintomatología que la depresión mayor pero lo que la diferencia es el tiempo y la intensidad, su duración se prolonga en el tiempo meses e incluso puede llegar al año, al tener una intensidad menor suele pasar más desapercibido.
  • 3. Trastornos adaptativos son manifestaciones de sintomatología depresiva como consecuencia de la vivencia de un acontecimiento difícil donde el niño no ha podido adaptarse a las nuevas necesidades, como por ejemplo la pérdida de un ser querido, el cambio de colegio, la separación de sus padres. En este caso se identifica el hecho detonante de la sintomatología depresiva.
El TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es uno de los problemas más frecuentes durante la edad escolar, y puede afectar entre 4 y el 7% de los niños en edad escolar y hasta el 3-5% de los adolescentes.

El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH), es un trastorno que se inicia en la infancia y se caracteriza por dificultades para mantener la atención, hiperactividad o exceso de movimiento e impulsividad o dificultades en el control de los impulsos.

Podemos encontrarnos con 3 subtipos del TDAH, según la presentación del síntoma predominante que manifieste el niño:
  • 1. Tipo con predominio del déficit de atención.
  • 2. Tipo con predominio de la impulsividad-hiperactividad.
  • 3. Tipo combinado, donde predominan tanto síntomas de desatención como de impulsividad-hiperactividad.
Al observar la conducta de un niño hiperactivo destacan las siguientes características:
  • Son muy distraídos y no escuchan cuando se les habla.
  • Tienen dificultades para esperar que les toque el turno si participan en actividades con otros niños.
  • No son capaces de mantenerse jugando el mismo tiempo que los compañeros de su misma edad; se cansan y quieren empezar juegos nuevos.
  • Es muy corriente que no obedezcan las órdenes o que no hagan las tareas que se les pide.
  • La mayoría de niños hiperactivos tienen dificultades en el aprendizaje, obtienen un bajo rendimiento escolar, son torpes para escribir o dibujar, y tienen dificultad para memorizar y generalizar la información.
  • Actúan de forma inmediata sin pensar en las consecuencias, están inquietos con las manos y los pies. Siempre están en continuo movimiento.
Es importante tener en cuenta que un niño que manifiesta esta conducta no lo hace con intencionalidad, y que si no rinde en el colegio no es por vaguería o desgana sino por su dificultad por mantener la atención.

La detección precoz, así como un diagnóstico e intervención adecuados, serán fundamentales para la prevención o manejo de los problemas asociados al trastorno, determinando en gran medida la evolución del mismo.

Durante las sesiones de la terapia psicológica se trabajará con la familia donde jugará un papel fundamental, a la hora de establecer hábitos y normas que ayuden al niño a tener un ambiente lo más estable posible. En las sesiones se realizara un trabajo en todos los ámbitos de la vida del niño para obtener la mayor normalización en su vida cotidiana.
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